¿Amas?

          ¿Cuál es la primera respuesta que te ha salido? Ésa ésa, la espontanea…. Seguro que es “Uuuuuuuuuufffffffff, que pregunta más difícil?. ¿Me equivoco? Seguramente sí, porque lo que seguro que no es difícil es la pregunta, lo que es difícil es la respuesta. ¿Por qué crees que nos cuesta tanto responder a esa pregunta tan simple? Piensa la respuesta y cuando la tengas te espero un poquito más abajo…

            Hola de nuevo, si ya estás por aquí significa que ya tienes la respuesta. Bravoooo!!! ¿Cuál es?

         Te voy a compartir la mía si sigues leyendo. Creo que nos cuesta tanto responder a esa pregunta por miedo. Tenemos miedo a sentir, al dolor, a qué pensarán, al ridículo, a que nos hagan daño, a entregarnos…. Y qué hacemos entonces, nos insensibilizamos, nos desemocionalizamos y ahí es cuando enjaulamos a nuestro corazón y le quitamos las alas. Y con eso perdemos primero la capacidad para amarnos a nosotros mismos y por ende a amar fuera de nosotros.

            El dolor muchas veces nos encierra el corazón y creemos que será el amor el que nos lo vuelva a liberar. Y eso solo es parcialmente cierto ya que si no estamos dispuestos a abrir la jaula para que nuestro corazón pueda volar nuevamente, sólo podremos ver y sentir a través de unos barrotes. Lo único que va a hacer que podamos liberar a nuestro corazón de su cautiverio va a ser la misma llave que lo encerró y ésa es el dolor.

          Sé que suena raro, pero mirad. Pensemos en una herida. Vamos corriendo, nos tropezamos y nos caemos. En la caída golpeamos con las rodillas y nos hacemos una herida y nos clavamos unas piedrecitas. ¿Duele? Seguro. ¿Qué hacemos? Vamos al médico y nos curan ¿verdad? Cómo es el proceso de sanación de la herida. Con dolor hasta que queda totalmente sanada. Pues lo mismo sucede con el corazón. Para que un corazón herido quede totalmente sanado necesitaremos pasar por un TIEMPO de dolor hasta que quede totalmente sanado.

          El problema que tenemos es que vivimos en una sociedad donde no le damos tiempo al tiempo, donde no paramos a sentir(nos), donde parece que el triunfador es aquel que no pierde nunca, donde la conexión sucede sólo a través de redes sociales, donde las emociones se visten de Prada, donde los valores se miden a ritmo de likes, donde la importancia se determina a base de seguidores y donde los amigos son virtuales.

             Y en realidad a veces lo único que una persona necesita es que creamos en ella. Que el que triunfa en la vida es aquel que nunca abandona. Que respirar nos dice que estamos vivos. Que compartir nos vincula. Que abrir el corazón es volver a arriesgar. Que emocionarnos nos hace personas.

             Así que quiero invitarte a que te sueltes, a que tomes conciencia de que no solo eres el artista de tu vida sino también la obra maestra. A que si duele significa que sientes y si sientes es que vives y que no siempre es fácil, pero siempre merece la pena. A que respires profundamente y sientas como la vida empieza desde dentro. Que digas me quiero y te quieras. Que desconectes el piloto automático y que vivas en voz alta. Y que hagas que lo más importante sea lo más importante.

                Y ahora… ¿Te atreves?

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