¡Pasen y vean!

Se abre el telón… ¡Va a empezar la función! Creemos saber de qué va la obra, nos hemos leído la sinopsis y algo nos han contado. Estamos expectantes e imaginamos, con alta probabilidad de éxito, o eso creemos, lo que va a pasar… Y ¡Zasca! Nada de lo que acontece es lo que hemos imaginado ni para lo que estábamos preparados mental y emocionalmente. Se nos empieza a hacer un nudo en el estómago que sube hasta la garganta y parece, a veces, que está a punto de asfixiarnos.

    La actos transcurren lentos, lentísimos, o eso nos parece, y las emociones y sentimientos se agolpan en nuestro interior de una forma atropellada hasta sentirnos, en ocasiones, desbordados, bloqueados y abatidos.

    ¿Te resuena esta historia?….

    Sí, has acertado. Estás en el acto de tu obra más preciada, tu vida, que no habías previsto. Lo que igual no sabes es que tienes la opción de decidir si quieres ser un mero espectador de la obra o el protagonista. Eso solo depende de ti y, déjame que te diga que, elijas lo que elijas va a estar bien. Solo ten en cuenta que cada elección lleva a un lugar diferente y exige responsabilidades diferentes.

    Decidas lo que decidas deberás aprender. Aprender una cosa muy importante, a reconocer, aceptar y gestionar tus emociones y eso pasa por darles su lugar a todas, las agradables y las desagradables. Y lo digo así ya que no me gusta hablar de emociones buenas y malas porque sería enjuiciarlas y poner unas en un saco y otras en otro, y luego desechar las que considero malas. Cuando al final las emociones no son más que vehículos que nos ayudan a transitar de un lugar a otro.

  Volvamos al escenario. La emoción actual que predomina es la tristeza  y es de las consideradas malas. Ahora deja un momento ese pensamiento y mírala como un vehículo. La tristeza se convierte en el vehículo que te permite el descanso emocional, que te lleva hacia dentro, que te lleva hacia ti, que te lleva a tu encuentro para que puedas descansar e ir integrando todo lo que te está pasando en este acto.

    Si pruebas con otra emoción, por ejemplo la rabia, también muy presente en la actualidad, verás que es otro vehículo. Es como un excavadora o una grúa que tiene mucha energía y que te sirve para construir límites. Y así puedes hacer con el resto de emociones que estás viviendo.

    Es por todo esto que te quiero invitar a que seas el protagonista de tu obra, que reconozcas que te pasan cosas, y esas cosas se llaman emociones, que les des un espacio y que las veas como vehículos que están a tu servicio, que tienen una finalidad, y que ésta no es otra que permitirte que puedas integrar y superar todo lo que te está pasando en el acto que te ha tocado vivir.

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